Lucca, nuestro pequeño paciente guerrero

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Corina siempre quiso ser mamá. Su embarazo llegó de sorpresa a sus 25 años, y fue una de las noticias más felices que pudo recibir. Aceptó sin problemas que su prioridad a partir de ese momento sería una sola: que su bebé nazca sano y en un hogar lleno de amor.

A la semana 17 de gestación, ocurrió un giro inesperado. En una de las ecografías de rutina, Corina se enteró que su niño tenía espina bífida, un mal congénito por el cual una parte de la columna vertebral del feto no “cierra” del todo, y por esa abertura se “filtra” la médula espinal. Esta condición, que no tiene cura, provoca hidrocefalia, parálisis e incontinencia de los esfínteres.

Ante esta nueva información, lo que Corina entendió fue que debía investigar más y encontrar la manera de que su niño, Lucca, llegue bien y lleno de oportunidades a este mundo.

Fue así como se enteró que existía una operación intrauterina, una intervención quirúrgica al niño cuando todavía está en el útero de la mamá, que podía mejorar la vida de Lucca. Una decisión valiente

Tras mucho preguntar, Corina encontró a un médico en la Clínica Anglo Americana que al fin le dio una esperanza: Se podía operar a Lucca antes de que naciera y darle una mejor calidad de vida. Corina no lo pensó dos veces.

En la semana 26 de gestación, durante la mañana del 10 de octubre de 2018, Corina se preparó para la intervención.

Recuerda haber entrado a la sala de operaciones acariciando su vientre y conversando con su hijo. “Estaremos bien”, le dijo al pequeño Lucca. Durante más de tres horas, Lucca fue operado por un equipo multidisciplinario médicos. Lo cuidaron cerca de treinta especialistas que coordinaban hasta el más mínimo detalle para asegurar el éxito de la operación.

Tras pasar una semana en cuidados intensivos, Corina se fue a casa más tranquila pero sin bajar la guardia: sabía que Lucca nacería prematuramente. Lucca nació en la semana 31.

Tenía una serie de complicaciones propias del nacimiento prematuro, como inmadurez pulmonar, pero ha ido superándolas una a una. Esta última etapa fue la más difícil para Corina, pues al estar su bebé en una incubadora, tuvo que esperar cuarenta días para finalmente darle el primer abrazo.

Para Corina, ese momento valió todo el esfuerzo, los exámenes y la intervención. En la Clínica Anglo Americana conocemos a Lucca como “el paciente guerrero”, quien ahora ríe en los brazos de su madre. Es un niño curioso, mueve los brazos y las piernas con total libertad y extiende sus manitos para alcanzar el cabello de su madre. Lucca ha llegado a este mundo para descubrirlo todo, y Corina luchará siempre por permitírselo.

Para conocer la historia completa de Lucca ingrese aquí.

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